Son las registradas en 2017, según datos aportados por una legisladora. Apuntan a cambiar esta situación a través de proyectos de ley.
En su mente seguramente imaginaba una inserción laboral distinta, pero cuando comenzó su búsqueda tuvo que enfrentarse a varias dificultades y esperar por años para conseguir el puesto que tiene hoy en el Hospital Central. Es que por ser una mujer trans fue discriminada en reiteradas oportunidades, lo que no hizo más que animarla para seguir adelante.
Con un trabajo fijo, es la excepción a la regla de las personas trans, ya que la gran mayoría no logra conseguir empleo. De hecho, en 2017 en Mendoza sólo 4 de ellas estaban registradas en un trabajo formal según se desprende de un proyecto de ley sobre el cupo laboral trans presentado recientemente por la senadora del bloque de la UCR Daniela García. «El resto en su mayoría se dedica a la prostitución como modo de subsistencia ante la imposibilidad de conseguir un empleo formal», se señala en los fundamentos del texto que agrega que comúnmente las personas que forman parte de este colectivo son excluidas del mercado laboral, viendo frustradas sus expectativas de lograr un plan existencial. En la provincia no se sabe cuántas personas conforman este colectivo ya que aún no se cuenta con un registro.
Si bien es la última, la de García no es la única iniciativa presentada en la Legislatura para establecer un cupo laboral trans. En 2015 el ex diputado del PJ Alejandro Viadana presentó un proyecto al respecto y en 2016 hizo lo propio la ex legisladora del FIT Cecilia Soria.
En Mendoza además hay dos municipios que ya cuentan con sus propias ordenanzas al respecto: Las Heras y Luján, aunque este último municipio nunca la reglamentó.
Daniela Flores (35) se encuentra muy satisfecha con su situación laboral pero reconoció que le costó el triple que cualquier persona. «Por eso apoyo y entiendo la importancia del cupo laboral trans», señaló a la vez que aseguró que conoce muchas personas trans que aún con estudios universitarios ejercen la prostitución. En su lucha por conseguir trabajo conoció ciertas herramientas legales que la ayudaron a lograr su cometido, por lo que actualmente está estudiando Derecho en la Universidad Nacional de Cuyo. «Entendí la importancia del Derecho para poder garantizar aspectos fundamentales para poblaciones vulnerables, como al que pertenezco», manifestó.
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Por la exclusión la esperanza de vida es de 40 años
Para Fernanda «Teté» Urquiza, coordinadora de Diversidad Sexual, avanzar en la inclusión laboral del colectivo trans es una necesidad inminente.
«Una persona trans se encuentra casi exclusivamente con la discriminación, todo se le hace más complicado e inaccesible», subrayó.
Reconoció además la escasa cantidad de personas trans trabajando formalmente. «La esperanza de vida de una persona trans es de 35 a 40 años. Por el inacceso a la educación, a la salud y al sistema, terminan trabajando en la prostitución y detrás de eso se encuentra la trata, la droga y otros factores», manifestó la funcionaria.
De todas formas reconoció ciertos avances a nivel educativo y en la salud que se han venido implementado a través de diferentes programas gubernamentales. «Lo que falta es mayor sensibilización por parte de la sociedad, seguramente que con los proyectos presentados tendremos que llegar a un consenso entre todos y lograr una mejor calidad de vida para los sectores más vulnerables», se esperanzó.
A pesar de las constantes situaciones de discriminación que viven las personas trans a la hora de buscar un trabajo, desde el Inadi reconocieron que son pocas las denuncias que se hacen efectivas. Daniel Di Giuseppe, delegado local del Inadi, recordó que tuvieron un caso el año pasado, pero que es un tema que no suele verse reflejado en las denuncias. «Si bien no hay acceso real al trabajo para el colectivo trans, salvo casos puntuales, encuentran difícil denunciar a un empleador que no quiere darles trabajo», explicó el experto quien detalló que generalmente la discriminación se da durante la primera entrevista laboral.
«Es un problema muy profundo que se debe, por un lado, al prejuicio por parte de la sociedad y por el otro, a las dificultades del acceso a la educación», enumeró Di Giuseppe. En este segundo caso relató que muchos sufren discriminación en sus propias familias, son expulsados de sus hogares cuando son adolescentes y por ello encuentran más dificultades para estudiar y desarrollarse.
Fuente: Diario Los Andes



