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Sombra

Tierra Enamorada: una obra de alabanza al amor por Luján

La Fiesta «Tierra Enamorada» fue una obra poética dirigida por Omar Escales con la colaboración de Pedro Marabini, y textos de Jorge Sosa, que trataba del amor entre un turista y ésta tierra llamada «Luján», cada cuadro y pieza musical interpretada en vivo, iba transformando ese primer contacto visual en una relación amorosa entre ella y él.

Comenzó la fiesta con una cueca lujanina realizada especialmente para la ocasión, que de inmediato contagió la alegría, con el río en las venas, evocando los encantos de cada distrito, y las reinas lo celebraban danzando al compás de la música en vivo sobre el escenario.

Con ese entusiasmo, llegan los turistas en un colectivo a Luján de Cuyo, cuando sin darse uno cuenta, la banda toca un valls, anticipando una historia de amor. Entonces, el escenario se llena de artistas en una escenografía de bodega, que relatará la historia de dos amantes: la bella Luján, la tierra y el turista, que se besan en un sorbo.

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Los movimientos del ballet traen los colores rojo y morado, convidando el color del vino que acerca a los amantes enamorados.
«Con ella y por ella, ella era racimo y él vivía pasado, presente y futuro, los racimos por Agrelo y Perdriel«, entonaron las voces dulcemente junto a los bailarines.

El corazon de él repetía «Lujan, Luján», el «Día que me quieras, para dar el mejor color», entonces,empapados de un verso, el agua los bautizó de a dos. El cielo se puso en sus manos.

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El tango, con paraguas negros, danzaba al compás de los rayos en la tormenta, y la sensualidad se sentía en el aire.

Y aunque ella «Ya me olvidó, pero yo no puedo olvidarla», suspiraba el enamorado entonando los versos de Leonardo Fabio.

Entonces las estrellas trajeron la noche, y es que los adioses se dicen con serenatas, en una casona proyectada, ante «la dulce mirada que a él le enamora y los ojos de ella se llenan se amor cuando la besa». Recuerda que mi vida está en tus manos, dicen los amantes.

El amanecer los encontró y los hizo paisajes; abandonando la rutina, el agua los transportó, adrenalina de fuegos y brillos; atravesando recorridos y fuerzas intempestuosas, de esas fuerzas que lo mueven todo en este mundo: el amor, el agua.

Y enamorados, «beben los besos de sus bocas como gotas de rocío», llenando de música el momento; «estoy enamorado y me hace bien amarte», aunque tal vez ella no lo supiera muy bien todavía, ante una luna en la que los espectadores recuerdan a sus amores en Luján.

Leyendas de Lujan, son narradas, la noche trae historias que solo son de esta tierra. Misterio, el corazón late y el fuego espanta. Los bailarines de negro y rojo acechan los miedos del corazón.

Y es cuando una joven acróbata cae desde lo alto del escenario, como esperanza de redención, para los amantes temerosos, que dudan de lanzarse a amar con locura, sin miedos.

Ya superados los temores, la alegría de «entenderlo todo» debía celebrarse en Ugarteche, el carnaval siempre alimenta el alma hacía nuevos colores y movimientos corporales, para alcanzar otros arcoiris.

Así Luján lo siguió enamorando con el otoño, y él no podía disimular ya su amor, «en nuestro tibio paisaje de adentro, para hacer un silencio de amigos», un silencio cómplice de a dos, porque los corazones se identifican en el amor mutuo, «de jarilla me volví, soy arena y algarrobo», como los paisajes de Fader.

El alma defiende lo que ama, «la propia tierra, acuérdate de mí, yo por vos doy la vida, mi tierra, mi patria, Malvinas», y el público de pie aplaudió a los veteranos.

El enamorado reconoció que Lujan lo impactó y brindó, en una noche de gala, con vestidos, trajes, brillos y ademanes elegantes, y acercarcándose a la fe en Carrodilla, le rendieron honor a la Señora y Protectora del viñedos en una dulce melodía que envolvió el instante.

«Corazon, si ella ya no te recuerda, para quedarse queriendo, ya podis irte despidiendo», «Corazón caprichoso, te han olvidado», mi viaje no tiene regreso, Luján, acá dejo mi corazón, soy tu compañero, mi viaje no tiene regreso.

El corazón está de fiesta y el amor siempre se celebra, «lo mucho es poco, lo poco es nada», pero con amigos en éstas tierras, se celebra con una copa y humor. El Cacho se sumó a la algarabía, que ya daba cuenta que el pago estaba en tiempo de cosecha, y ella, Luján, sin descuidar, acaricia la mejilla de su amado.

Luján le dijo, quiero una vida plena, la misma tierra y el cielo, acá estoy de pie, me duele lo mismo que a vos, con una voz verde que se hizo sentir.
Él se hizo parte de ella, y bailaron, cruzaron miradas y el aire se perfumó, el pulso se sentía acelerar; sangre y chacarera.

Él no tomó el bus, eligió Luján para amarla desde el alma. Encontró su lugar en el mundo, abrazando a su amada y ella lo abrazó también, para darle lo mejor de sí, durante toda su vida.

Cochería Alarcón

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