Sirvamé un Maipú. No prefiero un Luján de Cuyo.

El cambio es pasar del varietal al terruño, pidiendo un «Maipú», un «Luján de Cuyo» o un «Valle de Uco», en vez de un malbec. La idea es promocionar los vinos por su terruño o «terroir», en francés, después de haber trabajado durante años por imponer la marca de la cepa o el varietal, según informó la Coviar.
Esto es un tremendo desafío para el enoturismo que crece del 5 al 7% en Argentina y rompe con los viejos dogmas. Mendoza, la provincia de mayor producción de vinos, no se queda atrás y encarará nuevas estrategias de marketing, cambiando el ritual del consumo de esta bebida nacional y rompiendo con los esquemas para captar al turista.
Expertos de la Cooperativa Vitivinícola Argentina (Coviar), de la provincia de Mendoza, señalaron que los que crean que el pescado «solo se debe» comer con vino blanco serán decepcionados. Lo mismo ocurrirá con quienes sostienen que la carne se come con vino tinto y no un rosado o un clarete, y que el postre va con vino dulce y no con un tinto seco y arenoso para evitar el empalagamiento.
El crecimiento del turismo del vino contrasta con la caída del consumo en la Argentina de 29 a 20 litros per cápita por año, ocurrida desde 2013, muy lejos de los 70 litros en promedio que se tomaban hace casi 30 años.
Para recibir mejor a los visitantes, las bodegas llevaron a sus restaurantes a los más renombrados chefs del país. También poseen en la provincia otro ejército de creadores que desafían a los comensales con «menú de seis pasos», a sobre cerrado, donde el invitado va a maridar cada uno de los siete vinos que le van a servir, como le plazca.



