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La patinadora mendocina no vidente que representará al país en Brasil

“Si uno se lo propone, lo puede hacer”, dice Agustina Miranda.

Agustina Miranda tiene 22 años y es ciega de nacimiento. Hace patinaje artístico desde muy pequeña y en tan solo una semana viajará a Brasil para su segundo Sudamericano de patín, en representación del país, indica Palomino para Diario La Provincia. Será la única participante no vidente de la competencia.

La joven patinadora contó a Diario La Provincia cómo nació su amor por esta disciplina: “Comencé a patinar a los 4 años porque me regalaron los patines para una Navidad”. Agustina relató que al principio andaba por la vereda y caminaba con los patines puestos con la ayuda de su mamá.

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“Mis papás buscaban algún deporte que yo pudiera hacer y como vieron que me gustaba patín buscaron un club, YPF, donde conocimos a Analía Delgado, mi profesora”, contó y explicó que el primer encuentro fue una sorpresa para la profesional: “Ella me vio llegar del brazo de mi mamá y se encontró con que yo venía con la cabeza para abajo, tocando las rejas y se dio cuenta que no podía ver. Fue un desafío muy grande, tanto para ella como para mí”.

Agustina también es estudiante del Profesorado Universitario en discapacidad visual, en la UNCuyo, por lo que divide sus tiempos para poder estudiar y llevar la carrera al día, y poder entrenar para llegar cada vez más lejos.

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La mendocina comenzó a competir en 2006. “Analía empezó elaborando un reglamento, fue probándome en categorías, como cualquier chica que sí ve”, dice con orgullo, ya que luego su experiencia de vida se convertiría en la esperanza de todas aquellas personas ciegas que quieran practicar y competir en este deporte. “En el 2008 competí a nivel provincial y nacional, y así pasaron los años, hasta que el año pasado se aprobó el reglamento que Analía estuvo haciendo durante todo este tiempo, para que si alguna persona ciega quiera empezar a patinar, pueda competir”, explicó.

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El reglamento en esta disciplina deportiva aún no contemplaba la situación de las personas con discapacidad, en este caso, de las personas ciegas. Con el avance de Agustina en el deporte, y el acompañamiento de su entrenadora, que nunca le soltó la mano, se pudo elaborar este documento, el cual permite que, personas con discapacidad, también puedan competir.

Agustina sueña con viajar a Brasil en poco más de una semana. El año pasado clasificó a su segundo sudamericano de patín que se realizó en Uruguay, pero por diferentes razones no pudo asistir. La colaboración económica de los mendocinos hicieron que su sueño esta vez este cada vez más cerca.

“En el 2017 fui a un sudamericano, en Mar del Plata y clasifiqué al sudamericano 2018, en Uruguay”, contó la patinadora y explica que junto a la Copa Tagliabue , realizada en Rosario y San Luis, fueron sus torneos más importantes y de sus mejores experiencias compitiendo.

Entrenamientos: vivenciar para entender

La patinadora cuenta que a veces entrena en grupo y otras veces de manera individual. “Analía les hace tapar los ojos a las chicas para que ellas vean lo que se siente no ver”, manifestó y agregó: “A ellas les produce terror, porque patinan con los ojos cerrados y ahí se dan cuenta un poco lo que me produce a mí el no ver”.

Agustina explicó que ya tiene su propia manera de entrenar, ya sea sola o en grupo, y que esto lo vuelve más sencillo. “Yo generalmente trabajo de un solo lado de la pista, porque ya estoy acostumbrada y me oriento, por eso Analía les pide a las chicas que me esquiven porque el solo hecho que pasen por al lado, me asusta, porque me da miedo que me choquen”, expresó. “Ellas se acostumbran a mí, se adaptan y es más fácil trabajar”, agregó.

La joven patinadora es un ejemplo de superación y su trabajo con la profesora es un ejemplo de inclusión en el deporte. “La metodología que siempre tuvo Analía para trabajar conmigo fue buena, al principio ella me llamaba con aplausos, o me hablaba para que yo fuera a donde ella estaba, siempre me guió bien, nunca tuve miedo, al contrario, siempre me sentí muy bien patinando, es mi cable a tierra”, expresó con alegría.

“Nunca pensé que no lo iba a poder hacer, se puede hacer y mucho, si uno se lo propone y piensa que puede llegar muy alto, lo puede hacer”, dijo Agustina con gran seguridad, e invita a que más personas se animen a comenzar patín.

“Todo se puede lograr y se puede llegar muy lejos, más con el reglamento que, con mi vivencia, ha elaborado Analía durante todos estos años. La persona que quiera empezar este deporte bienvenido sea, porque somos muy pocas”, señaló. Además contó que ahora hay una niña ciega, pequeña, en su club, y que eso la pone contenta: “Ojalá que siga mi camino y pueda llegar a donde yo llegué y mucho más”.

Reconociendo la pista

Todas las patinadoras pueden ingresar a la pista, antes de la competencia, para su reconocimiento. Agustina explicó cómo hace ella para conocer el espacio por el cual se desplazará con sus patines: “Siempre entramos con Analía, contamos los pasos de largo y de ancho y después practicamos la coreo y las dificultados una por una. Son tres minutos de prueba”.

“Al principio competía en círculo, y Analía fue haciendo que yo empezara a hacer las coreos con diagonales, con giro de tres, todo como si fuese una chica convencional, para que yo pudiera ocupar toda la pista”, detalló la joven, que ha logrado avanzar mucho desde que comenzó a competir, logrando hacer coreografías de alto nivel.

Agustina junto a Analía

Su otra faceta: de patinadora a estudiante universitaria

Agustina está en segundo año del Profesorado Universitario en Pedagogía Terapeútica en discapacidad visual, de la Facultad de Educación. Es también un ejemplo en lo académico, ya que intenta llevar la facultad al día, a pesar de las barreras que aún hoy en día siguen existiendo.

“Al principio, cuando ingrese, los materiales no estaban tan accesibles porque no estaban digitalizados, yo tenía que venir con mi mamá y pedirlo, o estaban en PDF y el lector de pantalla no los leía. Con el tiempo fue cambiando, se fue facilitando el acceso”, contó la joven. “Ahora a una de mis compañeras y a mí nos han dado en comodato un dispositivo que nos escanea las fotocopias y nos las pasa a audio y nos facilita mucho más”, explicó Agustina, que igualmente necesita ayuda para poder hacerlo derecho, para que el aparato lea la fotocopia correctamente.

La Universidad brinda el apoyo necesario para que las personas con discapacidad puedan estudiar, y esto ha sido esencial para que Agustina continúe sus estudios. “Con el servicio de tutorías ahora tenemos dos tutoras que nos están ayudando a mí y a mis compañeras. Tenemos más materiales digitalizados y podemos llevar la Facultad un poco más al día”, concluyó.

Fuente: Diario La Provincia

Cochería Alarcón

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