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Sombra

Cuando un árbol cae, también cae una parte de nuestra historia

Hay imágenes que cuesta olvidar. Hace unos días, al pasar por calle Terrada, en Perdriel Este, volví a mirar un lugar que durante muchos años fue parte del paisaje de nuestra comunidad: el vivero. Pero esta vez la imagen era diferente.

Así luce el campo que supo ser el Vivero de Perdriel, octubre 2027

Donde durante años hubo árboles, vegetación y vida, hoy quedan espacios profundamente intervenidos por máquinas y una cantidad enorme de árboles que fueron retirados. Y duele.

Duele porque un árbol no crece de un día para otro. Algunos necesitan décadas para convertirse en esos ejemplares grandes que dan sombra, refugio, oxígeno y forman parte de la identidad de un lugar.

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Muchos vecinos que vivimos cerca conocemos ese espacio desde hace años. Por eso, para algunos, lo ocurrido no es simplemente una obra o un movimiento de suelo. Es ver desaparecer una parte del paisaje que nos acompañó durante mucho tiempo.

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No escribo estas líneas para acusar a nadie. Tampoco para afirmar algo que no puedo demostrar.

Escribo porque creo que los vecinos tenemos derecho a preguntar.

¿Qué ocurrió exactamente con todos esos árboles? ¿Cuántos fueron retirados? ¿Existía un inventario previo? ¿Por qué motivo fueron extraídos? ¿Quién autorizó las tareas? ¿Y qué destino tuvo la madera de esos ejemplares?

Son preguntas sencillas. Y creo que merecen respuestas claras.

El propio Gobierno de Mendoza ha informado que el Vivero de Perdriel, con unas 25 hectáreas, forma parte de un proyecto para recuperar y poner en valor el predio, producir nuevos forestales y contribuir a la reforestación de nuestra provincia.

Ojalá sea así.

Ojalá dentro de algunos años podamos mirar nuevamente ese lugar y encontrar allí mucha más vida de la que vemos hoy.

Recordar y recuperar

También creo que recuperar un espacio verde no significa que debamos olvidar lo que había antes. Porque plantar miles de árboles en el futuro no devuelve automáticamente los años de crecimiento de los que fueron retirados.

Y quizás por eso tantos vecinos están dolidos. No se trata solamente de árboles. Se trata de nuestra relación con el lugar donde vivimos.

De esas cosas que vemos todos los días y que, justamente porque están ahí, muchas veces no valoramos hasta que desaparecen.

Quizás esta nota sea simplemente eso: una pregunta de un vecino y de muchos otros vecinos que sienten lo mismo; ¿Qué pasó con los árboles del Vivero de Perdriel y cuál fue su destino?

Creo que tenemos derecho a saberlo.

Y creo también que cuidar nuestro ambiente no debería ser solamente plantar un árbol después de que otro cayó.

A veces, cuidar significa preguntarnos antes si aquello que tenemos delante puede conservarse.

Porque cuando un árbol cae, no cae solamente un árbol. A veces, también cae una pequeña parte de nuestra historia.

Cochería Alarcón

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