Cuando un árbol cae, también cae una parte de nuestra historia
Hay imágenes que cuesta olvidar. Hace unos días, al pasar por calle Terrada, en Perdriel Este, volví a mirar un lugar que durante muchos años fue parte del paisaje de nuestra comunidad: el vivero. Pero esta vez la imagen era diferente.
Donde durante años hubo árboles, vegetación y vida, hoy quedan espacios profundamente intervenidos por máquinas y una cantidad enorme de árboles que fueron retirados. Y duele.
Duele porque un árbol no crece de un día para otro. Algunos necesitan décadas para convertirse en esos ejemplares grandes que dan sombra, refugio, oxígeno y forman parte de la identidad de un lugar.
Muchos vecinos que vivimos cerca conocemos ese espacio desde hace años. Por eso, para algunos, lo ocurrido no es simplemente una obra o un movimiento de suelo. Es ver desaparecer...
