La provincia lleva una década sumida en una grave crisis hídrica que ataca todas sus reservas de agua para consumo humano. El embalse alimentado por el río Tunuyán muestra cómo el calentamiento global, la intervención del hombre y los ciclos de la naturaleza afectan a la sociedad de hoy.

El Carrizal se encuentra al borde de ser catalogado como inoperable. El espejo de alimentado por el río Tunuyán, compartido entre Rivadavia y Luján de Cuyo, apenas alcanza a llenar tres décimas partes de su capacidad -al momento de filmarse el video que acompaña esta nota el porcentaje de llenado era de 27 por cien-. Unos cuantos litros menos y el dique pierde su funcionalidad.

Se trata del embalse que mejor representa la lucha de Mendoza contra la falta de agua. Prácticamente todo su contenido es destinado al riego de cultivos. La falta de precipitaciones y el retroceso de los glaciares explican su volumen escaso. Pero el uso ineficiente del recurso hídrico termina por ser la causa de su vaciamiento.
La contracara de este problema productivo es menos grave en términos económicos, pero más impactante en el plano social y ambiental.

Los pescadores de pejerreyes afirman que ahora sólo se consiguen carpas. “Cada año más chicas”, dicen, cada vez más adentradas en el agua.

Los vecinos, por otro lado, comparan la situación actual con los peores registros que recuerdan y aseguran que, así y todo, “esta vez es mucho peor”.

Fuente: MDZol




