Por Rosa García Sánchez, Profesora de grado Universitario en Lengua y Literatura.
El acto de escribir es una de las manifestaciones sociales y culturales más significativas del ser humano. Escribimos llenos de nuestra cultura, de nuestros condicionamientos y de nuestras competencias. Lograr que el alumno sea capaz de vincularse con la función estética del lenguaje, no sólo desde la lectura, sino también desde la escritura, resulta una experiencia llena de matices, no solamente para el adolescente, que se descubre a partir de sus escritos, sino también para el profesor que se convierte en testigo de este descubrimiento.
Por eso encaré este proyecto, pensando en que muchas veces la escritura en el aula no tiene un problema retorico real. Es decir escriben para situaciones ficticias, por lo tanto los saberes en este campo no son significativos. Desde comienzo de año empezamos trabajando romances viejos, y escribiéndolos. Más adelante cuentos extraños, policiales y realistas. Los estudiantes trabajaron en el marco de tres proyectos: NOSOTROS LOS QUE ESCRIBIMOS, ENSEÑAR PARA EL PRESENTE (TIC EN EL AULA) Y EL PROYECTO DE LECTURA.
Los chicos debían escribir pensando en sus propias vivencias y después adentrarse hacia lo desconocido de su imaginación. Es así como surgieron estas producciones. Nuestra cuarta edición de libros escritos por adolescentes. Ellos diseñaron la tapa con la colaboración valiosa de la profesora Norita Leguizamón (Prácticas artísticas). Eligieron el nombre del libro. Realizaron la corrección del mismo en dos instancias de pruebas de galera. Por lo que el acto de escribir se convirtió en un objeto social de relevancia: UN LIBRO.
Es así como los estudiantes de segundo año del INSTITUTO MARÍA AUXILIADORA se convirtieron en protagonistas de su proceso de aprendizaje. El día 5 de diciembre presentaron: LOCURA ADOLESCENTE, 24 HISTORIAS EN BLANCO Y LA CAJA DE LOS RECUERDOS.




