La lujanina Valentina Mazziero y su compañera se encuentran en Cuenca, Ecuador a la espera de un vuelo para salir del país más complicado de latinoamérica ante la ausencia del Estado.

En 2018 Valentina Mazziero y su compañera decidieron iniciar un viaje sin fecha de retorno hacia el norte del país y Sudamérica. Con sus mochilas a cuestas estuvieron en Perú, en Bolivia y llegaron a Ecuador donde decidieron quedarse a vivir por un tiempo.
Consiguieron una visa de residencia del Mercosur. Estuvieron en distintos lugares hasta que se establecieron en Cuenca donde trabajaban en un restaurante. Permanecieron allí durante 10 meses y tenían pasaje comprado para retornar al país el 8 de junio.
“Cuando empezó todo, nosotros nos quedamos tranquilas y pensamos que debíamos esperar hasta esa fecha para volver, pero nos llegó un mail desde la aerolínea avisando que se habían cancelado todos los vuelos, incluso el nuestro. Ahora sentimos que estamos complicadas, aisladas”, dice la joven.
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Valentina afirma que en Ecuador hay unos 500 turistas argentinos y unos 1.500 residentes, y todos quieren regresar. Es probable que éste próximo domingo haya un vuelo comercial para traer a algunos “pero el pasaje sale 500 dólares y la mayoría no tenemos ese dinero”, agregó.
“Vivíamos en el restaurante pero nos tuvimos que ir de ahí cuando se desató la pandemia porque convivimos con una persona que trabaja en el sistema de salud de Ecuador. Para mayor seguridad decidimos alquilar una habitación en la misma ciudad”, contó Valentina.
En ese momento las cosas empezaron a empeorar. Dejaron de generar ingresos por el cierre del restaurante y empezaron a vivir con lo que habían ahorrado.

Cada día que pasaba se contaban más muertos y la epidemia de coronavirus desbordó al gobierno ecuatoriano convirtiendo a ese país en el más afectado de América Latina.
El principio de la pesadilla
“Cuando se dio el primer caso al toque suspendieron las clases, los buses y se cerraron todos los comercios que no eran para expender alimentos. Pusieron un toque de queda que empezaba a las 19 y le pidieron a la gente que no salieran de sus casas”, relató Valentina.
La joven dijo que en Cuenca se cumplieron con las medidas pero que eso no se replicó en todo el país y que el peor de todos los casos fue Guayaquil, el puerto al que confluye el comercio en Ecuador.
Hasta Guayaquil entraban centenas de personas de todas las latitudes del mundo. Ninguno de los viajeros fue controlado por las autoridades de salud y de seguridad. La Dirección de Aviación Civil no pudo determinar cuántas personas ingresaron a Ecuador desde el 14 de febrero, ni siquiera tenía el dato.
Los viajeros diseminaron el virus, mientras las autoridades vigilaban su propia burbuja. Guayaquil es un puerto dinámico al que migraron ecuatorianos de todas las condiciones, es el motor de la economía privada y refleja las complejidades e inequidades del Ecuador. En el corazón de la cuidad se encuentra uno de los centros comerciales informales más grandes de Sudamérica, se vende todo tipo de productos chinos, en almacenes regentados por ciudadanos de ese país: sin duda fue el centro de expansión de la epidemia.
Sobre Guayaquil, Valentina expresó que “La gente de Guayaquil está empezando huir. Hace unos días hablé por teléfono con un amigo que tenemos en un pueblo que se llama Ayampe y me dijo que la noche anterior había interceptado lanchas con gente de Guayaquil escapando de la pandemia. Es bastante apocalíptico el panorama”, contó la joven oriunda de Luján de Cuyo, quien destacó que las autoridades de ese municipio comenzaron a repartir féretros de cartón para sepultar a los muertos.
“En lo personal hace unos 15 días me cayó la ficha de que esto es un desastre y de que la verdad en este país no somos prioridad para nadie y que es muy poca la gente que, si nos pasa algo, nos van a dar una mano”, dijo.
“Queremos volver y no lo digo como un capricho. Mi compañera y yo elegimos viajar pero era imposible imaginar que nos iba a agarrar una pandemia. Esto le afecta a todo el mundo y es una locura no estar en tu país en este momento”, lamentó.
En busca de ayuda
“Hemos pedido ayuda a la embajada porque sabemos que están dando ayuda para la compra de víveres y medicamentos”, dijo y aunque todavía no ha tenido respuesta destaca la tarea de los funcionarios de la embajada.
«Estar en una pandemia en un país que no es el tuyo es horrible. No se lo deseo a nadie y espero que a los que esten varados en otro país la gente les este ayudando porque acá se ha desatado un egoísmo y un `sálvese quien pueda` que la verdad te consume psicológicamente”, lamentó.
A pesar de que Valentina y Gabriela que están en contacto permanente con otros argentinos que están en Ecuador y con su familia, no pueden recibir ayuda ya que los medios a través de los cuales podrían recibir algo están cerrados. Como el caso de los Western Union para girar plata.
“Llenamos un formulario qué hay de la embajada argentina en Ecuador para que ellos sepan quienes estamos solicitando ayuda en este país. Se han sumado como 2000 personas”, explicó.
“Hasta donde tengo entendido el gobierno argentino si está tramitando y si tiene como prioridad Ecuador porque la crisis sanitaria es bastante grave”, explicó.
“Desde el consulado argentino en Guayaquil me dijeron que por ahora no hay novedades sobre los vuelos de repatriación y que apenas tengan novedades nos van a comunicar por los medios oficiales”, dijo.
En este momento la única opción que tiene Valentina y su compañera es esperar a que las dejen volar de vuelta a Argentina ya sea en un vuelo humanitario o comercial. “El principal temor es que se termine de ir de las manos y que lo que pasó en Guayaquil se extiende al resto del país”, cerró.
Desde el entorno familiar de Valentina Mazziero, expresaron a Diario Luján, que solo resta esperar la repatriación.
Fuente: Diario Los Andes, Diario Uno, InfoBae y EduardoFeinmann.com



