Por: Lic. Pedro V. Piemontesi. Psicólogo. Mat. 745, Miembro de Diálogo Plural y Fundación FU.R.De.Tra.
El mes de julio fue bisagra en la curva de contagios en Mendoza, y hoy cuenta con más de 1.331 casos y 34 fallecimientos, en una provincia con transmisión comunitaria en conglomerados y no sostenida.

Precisamente en este período ha aumentado el contagio por Covid 19 en jóvenes entre 18 y 35 años, mientras que a nivel general, el factor de duplicación llegó a 9,7 días, similar a lo que ocurre en jurisdicciones como el AMBA.
Este avance de los contagios en personas jóvenes, con síntomas leves tiene su costado preocupante, ya que por un lado, demoran más tiempo en consultar al sistema de salud para confirmar o descartar el diagnóstico y, como todos sabemos, por la misma naturaleza de las actividades que tiene establecida una persona joven en cuanto a sus actividades, por el hecho que implica que los jóvenes “se mueven más”, tienen un margen importante de posibilidades de transmitir y contagiar este virus.
Es allí donde creo que es muy importante analizar el estado actual de la pandemia no solamente como una “enfermedad biológica” sino que con sus alcances psicológicos, sociales y culturales.
De esta manera, una pandemia se instala en una sociedad y el virus “circula” en un contexto donde los grupos humanos se relacionan con él de manera conciente e inconciente, debiendo reconocer que la cuarentena que comenzó el 20 de marzo último es un fenómeno importantísimo en el marco mencionado.
Los jóvenes, que a raíz del Aislamiento y posterior Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio comienzan a reaccionar de una manera esperable, es decir, solicitando al sistema social volver a sus actividades, puede ser un punto donde debamos consolidad las medidas de prevención y educación para la salud.
Salud Mental en el aislamiento voluntario
Es lógico que muchos grupos se quejen de la “extensa cuarentena”, que “quieran volver a sus actividades cotidianas”. Y en este sentido los niños, adolescentes y jóvenes seguramente sean un grupo que manifieste la necesidad de ”recuperar esas actividades”.
Bien, creo que es allí donde debemos actuar con objetividad. Las medidas implementadas hasta el momento han sido útiles, efectivas, en especial porque esta pandemia se ha manifestado a través de una vivencia concreta: LA INCERTIDUMBRE, propia de las crisis inesperadas, donde el experimentar algo SORPRESIVO, INESPERADO, DISRUPTIVO, que seguramente pone en jaque nuestros aprendizajes previos, supone salir a resolver la situación.
En ésta etapa de la pandemia, aquellos que tienen responsabilidad social, deben repensar sus métodos comunicacionales. Cada mensaje, cada decisión, cada enunciado influye notoriamente en quienes reciben ese mensaje y por lo tanto en las decisiones individuales y grupales que ellos tomarán, por lo que creo que en esta CRISIS INESPERADA, hay recomendaciones a tomar en cuenta:
- Fortalecer los vínculos primarios con un diálogo objetivo dentro de la familia, donde los adultos acompañen a los niños y adolescentes que, en primer lugar, las limitaciones que hoy RESTRINGEN LA LIBERTAD, PROTEGEN LA VIDA.
- Buscar una comunicación fluida para explicar el sentido de la PROTECCIÓN Y PREVENCIÓN de una enfermedad NUEVA Y DESCONOCIDA para casi todos.
- Transitar la INCERTIDUMBRE. Y esto es complejo ya que, como es sabido, vivimos en una sociedad que valora y supone LA CERTEZA COMO UN PRINCIPIO CASI UNIVERSAL, AUTOMÁTICO, cuando en realidad APRENDEMOS DE LA EXPERIENCIA, es decir, de esta experiencia concreta seguramente QUEDARÁ UN APRENDIZAJE, CON ELEMENTOS POSITIVOS que se incorporarán a la cultura y a nuestros valores como sociedad.
- Valorar la TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN como herramienta de la convivencia social, sin anticipar ni suponer experiencias extremas, es decir, de ruina o de salvación mágica sino que valorando lo que DÍA A DÍA PODEMOS PROPONER Y HACER CON OPTIMISMO, nos enseña a enfrentar desafíos futuros.




