El 21 de agosto de 1984, a menos de un año de la recuperación de la democracia tras la etapa más oscura de la historia argentina, el por entonces general Luciano Benjamín Menéndez mostró su perfil criminal al avalanzarse con un cuchillo sobre un grupo de personas que, al grito de «asesino», lo esperaba a la salida de un canal de televisión.

Bernardo Neustadt y Mariano Grondona, los conductores del programa periodístico ícono de la década de los años 80 y 90, «Tiempo Nuevo», entrevistaban amigablemente a Menéndez ignorando que lo más impactante de esa noche no serían sus declaraciones, sino su violenta reacción que pudo ser retratada por el fotógrafo Enrique Rosito en una imagen que quedó inmortalizada.
El multicondenado represor había salido esa noche envuelto en un sobretodo oscuro de las instalaciones de canal 13 en el barrio porteño de Constitución, se subió a un Ford Falcon, emblema de la represión ilegal durante el terrorismo de Estado, acompañado por su esposa, su hijo, un custodio y un colectivo de la Policía Federal que lo precedía.
Menéndez saltó furioso del auto, desenvainó un cuchillo de acero de 22 centímetros que llevaba consigo y corrió para atacarlos en una escena escalofriante que fue interrumpida cuando su hijo y el custodio lo tomaron del brazo para detenerlo.
La fotografía alcanzó a ser tapa del diario Clarín al día siguiente y, a partir de allí, se multiplicó en los principales diarios del mundo. Un año después, Rosito recibió el Premio Internacional de Periodismo Rey de España.
Menéndez permanecía internado desde el 7 de febrero último por afecciones coronarias y biliares que se habían agudizado en momentos en que afrontaba un nuevo juicio por crímenes de lesa humanidad, informó una fuente judicial.
Según los fundamentos de sus condenas judiciales, Menéndez fue el principal responsable del «plan sistemático y generalizado de exterminio de la oposición política» aplicado durante la última dictadura cívico y militar(1976-1983) en Córdoba y en otras nueve provincias del noroeste. Recibió 15 condenas judiciales, 12 de ellas a prisión perpetua.

En su carácter de jefe del Tercer Cuerpo de Ejército y de la llamada Área 311, que abarcaba diez provincias, Menéndez impartía órdenes e instrucciones, supervisaba sus resultados y generaba las condiciones para que sean eliminadas todas las pruebas para que sus autores tuvieran impunidad.
«Esas maniobras le permitieron ser el dueño absoluto de la disponibilidad de personas», definieron los jueces en sus fallos sobre el accionar del fallecido represor.
En 2008, Menéndez comenzó a ser juzgado en Córdoba y luego en distintos puntos del país por los delitos privación ilegítima de la libertad, imposición de tormentos agravados, tormentos seguidos de muerte, homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado, entre otras acusaciones.
El Tribunal Oral Federal 2 de Mendoza lo condenó en diciembre del año pasado a prisión perpetua, por primera vez en la provincia, como culminación del séptimo juicio por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura, contra 23 víctimas en San Rafael entre 1976 y 1978.
Hasta el momento había recibido 15 condenas, 12 de ellas a prisión perpetua, y en Córdoba afrontaba un nuevo proceso de enjuiciamiento que había comenzado el 21 de noviembre del año pasado, y que transita la última etapa de recepción de pruebas testimoniales.
Menéndez había nacido el 19 de junio de 1927 en San Martín (Buenos Aires) y actualmente residía en el Barrio Bajo Palermo de la ciudad de Córdoba.






